A Alejandra Pizarnik, Tori Amos,
Fiona Apple y Sylvia Plath
Memoria iluminada, galería donde vaga la sombra de lo que espero.
No es verdad que vendrá. No es verdad que no vendrá.
Alejandra Pizarnik – Árbol de Diana #8
And does he notice my feelings for him?
And will he see how much he means to me?
I think it's not to be
Sally’s Song
Un beso. Todo comienza siempre con un beso. Ella se aproxima a mí, huele mis cabellos, humedece sus labios y me planta uno en la frente, como quien va a enterrar un muerto y no lo lamenta: un gesto seco, insípido, casi adormecido son sus labios sobre mi piel. Luego saca un cigarrillo y se dirige a la ventana. Lo enciende. Lo enciende. Y yo siento el fuego arder sobre mi frente, como si el cigarrillo se hubiera prendido sobre mi cuerpo primero y luego en el pucho que sostiene fuertemente entre los labios. Sus manos me asustan. Papá no lo sabe, pero sus manos me asustan mucho. Él nunca pasa en casa, pero ella sí. Ella me abraza y aprieta mis brazos contra mis costados. Me duele que me abrace, me duele que me bese, me duele que juguemos siempre. A ella le gusta que juguemos juntas en mi cuarto. Ahora se sienta en el sillón y me pide que vaya a la cocina. Me mira a la cara y yo a otro lado, ae sus pies envueltos en zapatos costosos que ella dice algún día yo también usaré. Me pide que le traiga lo de siempre y yo le hago caso. Papá se decepcionaría mucho si yo no le hago caso, dice ella, así que voy a la cocina y le traigo una botella. No sé bien por qué, pero papá dice que debo obedecer y yo se la traigo. Ella toma la botella, acaricia mis cabellos y vuelve a olerme. Dice que el whisky hace que yo huela mejor. Vierte el trago sobre un vaso, y me pide hielo. El gato maúlla atrás del sillón y ella le tira su zapato caro. Ella no quiere a mi gato, creo que tampoco me quiere a mí, pero papá la adora y no lo quiero decepcionar. Cuando aún iba a la escuela él se sentía muy orgulloso de mí. Se sirve tres cubitos de hielo en el vaso y me pide que me lleve al gato. Que no lo aguanta maullar. Así que lo tomo entre mis brazos y lo llevo a la cocina. Él se enreda en mis pies y yo río, río como si me hicieran cosquillas en todo el cuerpo, río como cuando papá me lleva al parque y juega conmigo y, de repente, ella grita y me llama a su lado. Su grito es estruendoso, un poco maligno. Yo acudo a ella como cuando no se quiere despertar a un ogro que duerme. Ella me pide que me vista. Lleva ya más de tres vasos. La sala está llena de humo y me sonríe con una mueca dolorosa, como si no quisiera hacerlo en realidad. Me toma la cara entre sus manos y no la miro, no quiero hacerlo. Aprieta mi rostro con sus manos y me otro beso en la frente y baja hasta mi mejilla. Me huele, yo tiemblo, besa mi mejilla y le pasa su lengua. Me dice que me vista bien porque tendremos invitados.
El timbre suena y me pide que abra la puerta. Saludo a un señor alto y mayor que usa un fuerte perfume que me marea. Ella lo abraza. Ríe. Le ofrece un trago hasta el tope del vaso y me manda a dormir. Acerca su cara a la mía y me besa la nariz, como lo hace cuando papá está en casa, pero él no está aquí hoy. Desde mi cuarto escucho risas y me pregunto si papá vendrá y empiezo a quedarme dormida, me siento contenta de que me haya besado la nariz. Papá vendrá y todo volverá a estar bien. Nada malo me puede pasar cuando él está aquí. No veré su rostro esta noche, no habrá abrazos, besos ni juegos…
La puerta se abre ferozmente y me despierto. Veo una silueta en la puerta. Es un hombre. Debe ser papá que viene a saludarme. Ella se acerca por detrás de la silueta con un vaso y se sienta mientras él viene a mí torpemente, con olor a trago y me aprisiona. Yo grito y trato de soltarme pero no puedo. Él me besa con prisa, besa mis cabellos, mi rostro, me toca y yo me debato entre sus brazos, me revuelvo como pulpo y no puedo zafarme. Ella ríe en el fondo del cuarto y no hace nada más que beber y beber, él se desnuda y yo lloro, lloro porque no quiero jugar, lloro porque papá no ha venido y esta vez me duele más que la anterior. Ella se acerca mientras la cama se mueve, mientras todo tiembla y grita, grita descontrolada y me amenaza. Dice que esto es lo que merezco por quitarle a mi padre y me escupe, lo hace con maldad, con odio mientras la cama tiembla y yo siento que me duele, que me quema por dentro, que no lo aguanto. No lo quiero aquí, no lo quiero sobre mí. Ella me escupe en la cara y me hala los cabellos y los arranca. Me acurruco cuando él se va. Por fin se va y ella se acerca y me planta un beso seco, muerto en la frente y me dice que no hay que preocupar a papá o él se decepcionará de mí. Antes de cerrar la puerta, me dice que hay algo de comer en el microondas. Dice que debo compartirla con el gato.
Es la edad que avanza, tal vez, la traidora, y nos amenaza con lo peor. Dentro de mi ya no queda mucha música para hacer bailar la vida, eso es. La juventud fue a morirse al fin del mundo en el silencio de la verdad. ¿Y dónde ir, te pregunto, en cuanto no se tiene cantidad suficiente de delirio? La verdad es una agonía que nunca se acaba. La verdad de este mundo es la muerte. Hay que escoger: morir o mentir. Yo confieso que nunca he podido matarme. Sebastian, Earl Spencer.
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