Al
despertar, el escritor se descubre húmedo y maloliente. Destapa su cuerpo para
hallarlo cubierto de algo viscoso y oscuro que le cubre tanto las extremidades superiores
como las inferiores. Preocupado, mete un dedo en su boca con el fin de saborear
la sustancia para descubrir que es sangre. Como es lógico, revisa cada parte de
su cuerpo incluyendo las cavidades que este posee para constatar que no hay
ninguna herida o abertura que segregue
tal cantidad de sangre. Medio aliviado, recoge sus pasos por su departamento y
encuentra tijeras, un sosten y una botella de vodka al lado de lo que parece
ser un cadáver. Intrigado, le da vuelta al mismo con su pie izquierdo –ya que
es zurdo- y confirma que conoce nombre, número de casa y edad del occiso. El
escritor se preocupa de sobremanera y resuelve fumar un poco para pensar.
Después da cavilar tanto, llama a un taxi y procede a ponerse su mejor traje
con la corbata más cara y el pelo hacia un lado. En el camino, se mira en el
retrovisor y sonríe sintiéndose Mr. Hyde dando entrevistas al noticiero local.

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